De la nube a la tierra

“Sometimes in life, we need a few bad days in order to keep the good ones in perspective.”   – Colleen Hoover, Maybe Someday

Hace dos o tres semanas, mi jefe me cagó a pedos.

Pero posta.
Venía de mal humor y yo me di cuenta y un día a la tarde, creo que fue un viernes, me agarró y me dijo de todo. Fue medio violento el asunto, bah, no sé si violento es la palabra adecuada, pero fue heavy.
Me cantó las mil y una postas. Me dijo de todo en un tono serio y me hizo temblar el orto como hacía un montón de tiempo que no temblaba…

Pero me di cuenta que era lo que necesitaba.

Después de todo lo que me pasó con las migrañas quedé flotando en una nube de nada. Estaba distraída, fuera de foco, mi dificultad para concentrarme estaba potenciada hasta el infinito, andaba súper perdida, sin rumbo alguno y, lo peor de todo, era que estaba totalmente consciente de toda la situación, pero paralizada, porque no podía accionar, simplemente estaba hecha un helecho. La vida me pasaba por al lado y quería agarrar las cosas pero se me escapaban de las manos. No sé si era un fantasma o qué, pero no tenía la fuerza para levantarme y accionar, tomar las riendas de lo que tenía que hacer, de “volver a la vida”, a mi vida. *violines*

Suena muy dramático, pero fue fue uno de los peores meses que viví en toda mi vida. No fue la primera vez que me sentí perdida, fue la primera vez que me sentí así de perdida, así de… invisible.

Creo que el peor problema es que yo no estaba presente para conmigo misma, y esa ausencia en mi propio ser se notó tanto, y el vacío fue tan grande y me consumió tanto, que me dejó inmóvil.

Si ahora me paro a mirarlo, claramente no fue fácil lo que me pasó. Afrontar que se te paraliza la mitad del cuerpo de un minuto a otro no es una pavada, que te hagan millones de resonancias y que en la tercera metan la palabra neurocirujano tampoco, uno no puede con todo y creo que sería injusto para mi pensar que yo sí puedo. Aunque flasheo que me gustaría ser una superheroína, la realidad me da una piña en la cara y me enseña que no lo soy… o si quizás, cuando salgo casi ilesa de estas situaciones.

Me acuerdo que una amiga, cuando me estaba acompañando una de las veces que estuve en la guardia, me dijo, “wow, que tranquila que estás, yo estaría re nerviosa” y la verdad es que lo pensé un montón más adelante, y sí, estuve muy tranquila durante todo lo que pasó. No sé como hice, pero pasó.

La cuestión es que cuando finalmente me cambiaron los remedios (que btw, parece que están funcionando bien), descartaron las cosas graves (nada de neurocirujanos por el momento) y todo parecía encaminarse bien nuevamente, sigo en ese estado de coma en el que estoy completamente dormida pero despierta. Físicamente estoy en cualquiera, en las nubes, volando sin rumbo, viviendo pero en piloto automático, pero mentalmente intentando cachetearme todos los días para despertarme, para volver a ser quien soy yo… sin éxito.

Hasta que mi jefe me dice hay un montón de cosas que están a mi cargo y que no hice y que si quiero hacer lo que le dije que quería hacer por este camino no las voy a lograr jamás.

PLAAAAAAAF.

Sentí que a charla (que duró 20 minutos) fue un baldazo de agua fría, cachetada con 6000 manos a la vez, dedos infinitos en el orto y todo lo que se les ocurra.

Al principio estuve un poco a la defensiva, después me calmé y me dí cuenta que no podía decir otra cosa que no sea “tenés razón”, cerré la boca y dije “sí” a todo.

Es más, estuve a punto de ponerme a llorar y me la banqué como una campeona.

Quizás podría haberme excusado diciendo “bueno pero hace un mes empezó mi colgadez que justo coincidió con todo lo que me pasó con lo de mi cabeza”, pero no le ví el sentido a decir nada de eso, me hubiese sentido una flojita. Una cosa es el trabajo y otra cosa es la vida personal. Sí, ok, también una impacta en la otra y todo lo que quieran, pero igual. ¿Cuál era el sentido de meter excusas si yo sabía que mi jefe tenía razón?

Bancate el reto amiga. Bancate la patada en la cara. Bancate que te bajen del cielo a la tierra de un tirón.

Me sentí horrible después del reto. Pero me sentí horrible porque a nadie le gusta que lo reten, es una sensación horrible y siempre quedan fllotando peditos de mala onda en el aire después de un reto, por más que después esté todo bien y nos caguemos de risa a los 5 minutos, los peditos mala onda tardan en disolverse. Hay una incomodidad que tarda en irse.

Pero más allá de eso, me sentí bien.

Y esa fue la sorpresa.

Wow.

No me sentí un fracaso, me sentí grande. No me sentí retrocediendo, me sentí avanzando. Después de esa charla me empecé a cuestionar un millón de cosas, ¿a dónde quiero ir? ¿cómo quiero llegar hacia dónde quiero llegar? ¿qué caminos quiero tomar para llegar a destino? ¿cómo quiero transitar por esos caminos? Etc.

Y hasta me animé a confiar en mi jefe y a hablar sobre estas cosas con él, porque no las hablo con nadie, porque en general nadie las entiende… y él las entendió.

Fue todo muy productivo.

La semana siguiente mi productividad aumentó 100 veces más, mis días pasaron volando, hice más cosas, miré desde otro ángulo algunas otras, etc, etc, etc. Estuvo muy bien.

Me alegro que me hayan cagado a pedos. Quizás no fue una cagada a pedos, quizás fue un llamado de atención porque quizás mi jefe vió que estaba perdiendo el tiempo haciendo pavadas cuando podría estar avanzando haciendo cosas importantes, cosas realmente productivas.

Creo que todos necesitamos una cagada a pedos de alguien alguna vez porque todos nos sentimos más o menos perdidos alguna vez. Sin ser agresivos o pasarse de la raya, no está mal que alguien te haga temblar el piso, que te cante las 1000 postas tal cual cómo son, que sea duro y real, honesto y sincero, que duela un poco, pero no lo suficiente como para que te pongas mal, que te motive bien, que te termine dando ganas de seguir y de seguir con más pilas de antes.

Así que si conocen a alguien que pueda cagarlos a pedos así de zarpado como me cagaron a pedos a mi… aprovéchenlo, solamente tengan las pelotas para bancárselo… porque quizás, quizás, esa sea la patada para empezar algo nuevo o el empujón que necesitan para abrir lo ojos y mirar las cosas desde otro lugar.

Share

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *