Drama Queen

Hace dos fines de semana que la vengo pasando medio mal.

Este no fue tan malo, el anterior fue terrible. De hecho, fue horrible.

Me sentí como el reverendo ojete. Tanto, que el domingo me quebré y me puse a llorar como una nena de 4 años a la que le sacaron el chupetin recién comprado del kiosco. Berrinche al 100% en el medio del almuerzo. Quejándome de todo, retrocedí más de 40 casilleros.

Motivos del llanto que no iba a compartir por vergüenza: 

1) Llegar a fin de mes mega ajustada con la plata

2) Sentirme inútil y sin rumbo

3) No ser mega exitosa (????????????????????)

4) Estar soltera y flashear que me voy a morir sola y no merezco ninguna clase de amor (???????????????????????)

5) No ser talentosa para nada (???????????????????????)

6) Tener miedo de quedarme sin nada y terminar viviendo abajo de un puente 

7) Ser un potus que vive por inercia y solo hace lo que tiene que hacer y nada más

8) La falta de tiempo para hacer todo lo que quiero hacer

Ahora que lo escribo nada de esto tiene sentido.

De hecho, ahora que lo pienso, incluso cuando estaba llorando el domingo en la mesa, sentía que nada tenía sentido porque muy en el fondo sabía perfectamente cual era la solución de todos los “”“problemas”“”:

Dejarme de joder.

Voy a tomarme unos segundos para escribir. QUE PELOTUDA QUE SOS CELESTE EH *autocachetazo*.

Pero a veces estos momentos de pelotudez, son necesarios porque traen claridad.

Después de la tormenta siempre llega la calma… y después del llanto también.

OOOK. Ya entraste en pánico (al pedo). ¿Se te pasó? Sí. Listo, es hora de sentarse a trabajar.

Estoy casi segura que todos tenemos esas épocas en las cuales nos sentimos como el reverendo ojete y, en realidad, lo que más molesta no es el estado en si sino el no saber cómo hacer para salir del mismo.

Bueno, creo que encontré un buen método:

Me gustaría ponerle algún nombre tipo “el método *algo*”, pero no se me ocurre nada bueno, así que se aceptan sugerencias.

Después de llorar tanto me di cuenta que no tenía sentido ponerme así ya que no iba a resolver nada ni me iba a llevar a ningún lugar, pero era necesario para desahogarme.

Paso número uno: Desahogarse 

Como sea, si hay que llorar, llorá. Si tenés que romper cosas, mientras sean tuyas, rompelas. Sacate todo lo que te tengas que sacar, limpiate, refrescate, vaciate, quedate en cero. ¿Listo? OK.

Una vez que ya no me quedaron motivos para seguir llorando porque le quité el sentido al llanto, entonces ¿cuál era el fin de seguir haciéndolo? Ahí decidí que era hora de avanzar y ponerme las pilas. Para hacer esto, iba a necesitar una lista de todos mis problemas o “problemas” (porque muchas veces son más inventados que reales)

Paso número dos: Hacer una lista con todos los problemas

En una hoja o en un bloc de notas, no importa. La lista tiene que verse así:

1- Problema x

2- Problema x

3- Problema x

Una vez que tenemos esa lista, ya vamos a tener un panorama muchísimo más claro de casi toda nuestra vida (?).

De ahí solamente tenemos que hacer algo que me vienen recomendando mucho…

Paso número tres: Minimizar los problemas

Pensar que tenemos control de todo es estúpido y hay muchos problemas que pensamos que tenemos que se nos escapan de las manos. Cuando los vemos así, automáticamente no son problemas. ¿Por qué? Bueno, porque no depende de mi, si no depende de mi, no puedo tomar acción alguna sobre el asunto, por ende no merece tanta preocupación. Chau problema.

Pero que pasa con los problemas qué sí dependen de nosotros o en los que podemos hacer algo. Esta es mi parte favorita, porque hay que transformarlos en desafíos.

Paso número cuatro: Pasar de Problema a desafío

Agarro un ejemplo de mi patética lista de (no) problemas: “Ser un potus que vive por inercia y solo hace lo que tiene que hacer y nada más”.

Ok, ¿qué necesito? Hacer más cosas.

Y acá casi que mato dos pájaros de un tiro, porque para hacer más cosas necesito resolver otro problema:

“La falta de tiempo para hacer todo lo que quiero hacer”.

y ¿cómo soluciono la falta de tiempo? Con organización.

Paso número cinco: Accionar

Una vez que tenía toda mis lista de problemas más o menos ordenada y desglosada, ahora llega la parte más difícil: Cómo resolverlos

Me ocupé de encontrar soluciones a corto plazo, que me dieran soluciones a largo plazo también.

Siguiendo con el mismo ejemplo que el punto anterior:

Mis dos problemas son:

Ser un potus que vive por inercia y solo hace lo que tiene que hacer y nada más”.

“La falta de tiempo para hacer todo lo que quiero hacer”.

La falta de tiempo, como dije antes, la ataqué con organización. Me armé un google calendar con todo lo que quiero/tengo que hacer. Y cuando digo todo, digo todo posta. Desde que me levanto a las 6 am hasta que me voy a dormir a la 1 am. De 6 a 6.30 me baño, de 8 a 8.30 desayuno, de 9.30 a 18.30 trabajo. De 19.30 a 20.30 juego Mercenary Kings. Y así dependiendo el día.

Pero puse hasta los juegos que quiero jugar, los libros que quiero leer y cuánto tiempo le quiero dedicar a cada cosa.

Productividad 100% (?)

Y ya no me siento un potus.

Y los libros que leo no son libros casuales, son libros que me van a ayudar a ordenar mis ideas (acá está el plan a largo plazo), es como plantar una semilla y regarla para que crezca.

Y cada actividad tiene un por qué. Hasta dejé espacios libres, para no sofocarme, porque me conozco y sé que a largo plazo tanta organización se me va volver en contra y me voy a ser presa en mi propia casa.

Otro beneficio que encontré haciendo esto es que puedo planificar mucho mejor las cosas que son más difíciles de planificar, porque ya tengo las cosas fáciles en piloto automático, ¿me explico?

Después de llorar una hora y media, patalear y lamentarme, respiré hondo y recargué energías para volver a tomar el control y no caer en la desesperación, cosa que me pasa seguido.
El autocontrol es muy importante, siempre, pero las crisis también.
Me di cuenta que hay que aprender a estar cómodo con las imperfecciones, con las cosas que no salen bien.
Crisis vamos a tener siempre, es natural, hay que pasarlas, sentirlas, que molesten un poco y listo, que se vayan así como vinieron, para que nos dejen seguir adelante, mucho más fuertes que antes.

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