Todo sobre mis psicólogos: parte III

Lo peor ya pasó. después de Ana María y Analía, todo empieza a florecer.
Pasé unos años de mierda en mi adolescencia, pero ¿qué puedo esperar? Esta época debe ser la peor de todas las épocas que un humano tiene que vivir.
De todas formas, voy a tener que sufrir un poquitito más para que todo mejore. Pero esta vez, el sufrimiento viene con una cuota de humor, porque voy a conocer a Mónica, a quien recuerdo como la mujer que no me dejaba dormir la siesta.

Ahh Mónica, Mónica.
Hagamos una analogía:
Imaginemos que tenés una cita con un chico o una chica, y hablás un rato y te das cuenta que está todo bien, pero que no hay química, la cosa no va. Ni para atrás ni para adelante. “Eh, es simpático/a”, pensás, pero nada más. Fin. La cosa muere ahí.
Pero el otro o la otra, no puede más de la emoción y te quiere seguir viendo.
Y te llama.

Todos los días.

Vos, con muchísima paciencia y de la mejor forma posible, le explicas que no, que está todo bien, pero que el sentimiento no es mutuo y que no se van a ver de nuevo lamentablemente porque… bueno, no te interesa.

Y el problema es que la otra persona no lo entiende.
Y te sigue llamando.

Todos. Los. Días.

Cuando vos estás durmiendo la siesta.
Sistemáticamente, te despierta a las 15 hs para hablarte y decirte que se tienen que ver porque le tienen que dar un cierre a la relación (!).

Inaceptable.

Una vez pasa, dos veces asusta, a la tercera vez ya pensás que estás dentro de una pesadilla que no se termina más.

Algo así me pasó con Mónica.

Nos quedamos en que yo salía de dos cuasi-intentos de suicido y mi ex-psicóloga decidió dejarme en banda, así como así, porque quedó embarazada y se tomó una licencia.

Luego de las puteadas de mi mamá por no haberme derivado a ningún psicólogo. Analía, efectivamente, me termina derivando al peor monstruo de la galaxia de los psicólogos después de Ana maría (obvio), Mónica.

Mónica era joven, no sé, tendría como unos 40, 45 años, el pelo teñido de rubio oscuro… y si me preguntan ahora, la recuerdo como con una cara de psicópata increíble. Aunque probablemente no sea verdad. No, de hecho, no tenía cara de psicópata, tenía cara de persona serena, de esas que se toman todo con mucha calma. Sí, era de esas.

Atendía en un edificio que tenía muchísimas oficinas y era como un hotel gigante, viejo y horrible. Tenías que anunciarte en una recepción con gente mala onda, después ella bajaba en el ascensor desde un piso re alto y subías con ella a su consultorio, que era horrible y estaba super vacío: tenía una mesita, dos sillas, y una lamparita, fin, nada más.

Te sentabas frente a ella y charlabas y ella anotaba todo haciendo gráficos locos.

Mi primer sesión con ella fue fea. La sentí lejana y fría y no me gustó nada. No hubo química, no sé, feo. Sentí que era una persona que lo único que quería era extraer datos, analizarlos y hacer algo con eso. me sentí un robot y no me gustó.

No quise volver, pero le di una chance y fui tres veces más.

Sentí lo mismo las tres veces.

Y a la cuarta le dije que no iba a volver.

Dos cosas importantes:

1) En las primeras sesiones de terapia, se hace como una presentación de quien sos, etc, etc. Y yo tenía un montón de cosas para contar, como se imaginarán. Así que para la cuarta sesión, todavía faltaban cosas por “presentar”, por lo que no habíamos empezado la terapia, terapia, propiamente dicho.

2) Dejé una sesión, la última, sin pagar.

El día anterior a la quinta sesión, a la que no iba a ir, la llamé y le dije que no iba a ir más porque no me sentía cómoda y le aclaré que la sesión que quedaba por pagar, la iba a pagar mi mamá en lo que quedaba de la semana acercándose a su consultorio en los horarios en los que ella me indicara.

Pero no le gusto nada y le chifló el moño.

Me dijo que no podía hacer eso, porque teníamos que darle un cierre a la terapia (?).
Señora, ¿de qué terapia me habla si no empezamos a hablar de nada? Lo único que hice fue contarle el cuentito de mi vida… y por la mitad, porque no llegué a contárselo completo.

Le dije que lo entendía, pero que no me sentía cómoda y por lo tanto, no me iba a ayudar. Ya tengo experiencia con eso, ¿no? 😉

Me dijo, “bueno, está bien, después lo volvemos a charlar”.

WTF.

Dije “bueno”, mi contestación por excelencia cuando no tengo más ganas de seguir una conversación y corté.

Un día, cuando llegué del colegio (sí, todavía estaba en la secundaria), me tiré a dormir la siesta y, media hora más tarde, aproximadamente, mi profundo y hermoso sueño, se vio interrumpido por el horrible sonido del teléfono. Atendí y escuché la voz de ella, preguntándome cómo andaba y si había cambiado de opinión porque era importante darle un cierre a la terapia. 

KEEEEEEEEEEEEEEEEEE.

SEÑORA LE DIJE QUE NO QUIERO IR MÁS POR QUÉ DEMONIOS ME ESTÁ LLAMANDO A LAS TRES Y MEDIA DE LA TARDE CORTE YA MISMO EL TELÉFONO Y VAYA A TRABAJAR, DÉJEME DORMIR. 

Y le dije, “mirá Mónica, yo entiendo lo que me decís, pero no estoy interesada en darle ningún cierre a ninguna terapia, para mi nosotras dos no funcionamos y no quiero ir más a charlar con vos, perdoname”.

QUÉ HAGO PIDIENDO PERDÓN?!

Le aclaré que mi mamá le iba a pagar la sesión que le debíamos, que no se preocupara, que tenía sueño y que quería volver a dormir.

Me contestó, bueno está bien. Y cortó.

Dos días después… A LA MISMA HORA. EN LA MISMA SITUACIÓN.

VOLVIÓ A LLAMAR.

CON EL MISMO PLANTEO. 

ME VUELVO LOCA.

La mujer no podía más, no sé que tenía o qué le había agarrado, pero no solo estaba interrumpiendo todas mis siestas, sino que estaba totalmente desesperada porque yo terminara (?) mi terapia con ella y no entendía que a mi no-me-interesaba-en-lo-más-mínimo.

Juro que pensé que era por la plata, así que le dije a mi mamá, eh loca ¿qué onda? ¿le pagaste? Porque me está rompiendo las pelotas y no puedo más de la desesperación que me genera.Y ella me dijo que ya le había pagado, entonces constesté, bueno manejalo, porque si seguimos así, me secuestra y me mata, no sé (exagerada desde siempre).

¿Cómo terminó la historia? Mónica vs Mónica (mi mamá se llama Mónica). La llamó pro teléfono un día y creo que la cagó a puteadas.

La mujer no llamó más.

Tampoco la vimos más, por suerte.

Y este fue el fin de una era.

La etapa de cruzarme con psicólogos locos, había terminado.

¿Cómo estaba ahora? Deprimida, tenía un autoestima horrible, estaba terminando la secundaria y no tenía ni la más puta idea de lo que iba a hacer, era una cagadita de persona. Mi mamá no ayudaba mucho tampoco porque ella también tenía sus cosas para charlar con sus psicólogos, pero eso no nos importa.

La cuestión, es que después de tanto buscar, conozco a Estela.

El ser más adorable de la faz de la tierra, con quien aprendo muchísimo de todo, crezco mucho y supero muchísimas cosas. Ya vamos camino hacia superar todos esos obstáculos que nos estaban trabando y no nos dejaban vivir y disfrutar de toda la vida al máximo (?).

En el próximo capítulo les cuento bien :)

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